24 de febrer 2008

Pepe, ¿cómo nací yo?, de Josep Maria Sarabia.

-Pepe, explícame como nací.

Quién así habló era un niño de diez años, simpática la expresión de su rostro, vivaces sus ojos verdes, ensortijado su negro cabello, de buena estatura y de saludable aspecto.

La petición iba dirigida a un hombre de unos cincuenta años, de baja estatura y robusta complexión, de ya escaso cabello cano, fácil sonrisa y franca mirada.

-Te lo he explicado docenas de veces, Cristóbal, ¿no te cansa oír tantas veces la misma historia?

-Anda Pepe, sé bueno y cuéntame otra vez como nací.

Pepe fingió que se hacía de rogar, en realidad le encantaba relatar el nacimiento de Cristóbal. Se encontraban sentados en la puerta de su casa, caía la tarde de un caluroso día de verano y se agradecía la sombra de la fachada de la sólida y austera residencia de Pepe que era el taxista del pueblo, localidad de mediano tamaño en una antigua comarca minera de Murcia.

-Serían las diez de la mañana de un viernes de abril de hace ya diez años me llegó un recado de que tu madre iba de parto. Debía pasar a buscarla a su casa y llevarla al hospital de Murcia. Tu madre estaba sola ya que tu padre estaba trabajando en Alemania y no había encontrado billete de avión hasta el lunes siguiente.

-¿Y la abuela, dónde estaba?, preguntó el niño.

-Llevaba tres días ingresada en el hospital de Murcia recién operada de apendicitis. Llegué a vuestra casa y tu madre ya me esperaba en la puerta con la canastilla en la mano.

-Pepe!, vamos rápido a Murcia que voy de parto.

Tu madre se acomodó en el coche y salimos zumbando para el hospital, recorrimos unos veinte quilómetros sin problemas, tu madre iba gimiendo, tenía contracciones con regularidad y me apremiaba para que fuera más rápido, de pronto, después de una curva muy cerrada tuve que frenar en seco, un enorme camión volcado ocupaba toda la calzada , imposible seguir el viaje.

Tu madre empezaba a desesperarse ya que cada vez las contracciones eran más frecuentes y los dolores más agudos.

Yo no sabía qué hacer. Hablé con los guardias civiles que allí estaban y me dijeron que intentarían venir con el helicóptero, pero que no sabían cuándo llegaría. Cuando la situación ya se hacía insostenible miré al cielo por si venia el helicóptero y divisé un punto en el cielo, al principio no distinguí bien que era pero al cabo de un rato pude ver que se trataba de un hombre que volaba, vestía unas mallas azules encima de las cuales llevaba unos calzoncillos rojos, lucía también una pequeña capa del mismo color.

El extraño y atlético personaje aterrizó elegantemente, me estrechó la mano a la vez que, con marcado acento americano dijo:

-Me llamo Supermán, ¿en qué puedo serles útil?.

Cuando conseguí superar, en parte, mi asombro y pude articular palabra le expuse la situación y el extraño individuo se puso manos a la obra, me hizo subir al taxi, cogió el vehículo y se elevó en el aire, en cinco minutos nos llevó al Hospital General de Murcia.

Tu madre fue atendida de inmediato y el parto se realizó sin problemas y tú viniste al mundo pesando cuatro quilos y con una salud perfecta.

Mientras el autonombrado Supermán pidió papel y bolígrafo, escribió durante unos minutos. Al terminar me alargó el papel.

-Son mis honorarios, el sueldo de periodista de mi otro yo, Clark Kent, no me alcanza para pagar la sobrealimentación a la que debo someterme para seguir en forma, por eso hago pluriempleo, en la nota consta el número de mi cuenta. Déselo a los padres del niño y adviértales que no se les ocurra dejar de pagar, podría pasarles algo malo.

-Y se marchó volando, concluyó Pepe.

-¿Y por qué me llamo Cristóbal?

-Tu madre quería ponerte Supermán pero el cura no lo permitió. Lo que más se parece a esa aventura es la gesta de San Cristóbal llevando al niño Jesús a cuestas para vadear el río. Por eso te llamas Cristóbal.

-Gracias Pepe.

-¿Satisfecho?.

-Sí.

-Bueno, será hasta la próxima vez que me pidas que te cuente la historia.


Diciembre de 2007 Josep Mª Sarabia